El consumo de cannabis en España en cifras: cómo leer EDADES y ESTUDES
Qué miden las dos grandes encuestas oficiales españolas sobre drogas, cómo se interpretan sus prevalencias y sus tendencias, y qué no capturan.
3 de agosto de 2026
EDADES y ESTUDES son las dos encuestas oficiales con las que España mide el consumo de drogas: la primera pregunta a la población general de 15 a 64 años que reside en hogares y la segunda a estudiantes de 14 a 18 años dentro de los centros de secundaria. Las dos las coordina el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, dependiente de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, y en ambas el cannabis figura como la sustancia ilegal más extendida. Lo que publican no son recuentos de consumidores, sino prevalencias declaradas dentro de una ventana temporal concreta, y de esa distinción nacen casi todos los malentendidos que después circulan en titulares.
Qué son EDADES y ESTUDES y en qué se diferencian
Son encuestas por muestreo, no registros administrativos. Nadie cuenta consumidores uno a uno: se selecciona una muestra amplia, se le pasa un cuestionario anónimo y a partir de las respuestas se estima qué porcentaje de la población declara haber consumido en un periodo determinado. Ambas series arrancaron en la década de los noventa y desde entonces se han repetido de forma periódica, alternándose entre sí. El calendario no es fijo: tanto el trabajo de campo como la fecha de publicación pueden desplazarse de una edición a otra, de modo que saber cuál es la oleada vigente exige mirar el portal del Plan Nacional sobre Drogas y no dar por hecho ningún ciclo regular.
La diferencia esencial está en a quién se pregunta y dónde. EDADES trabaja sobre la población adulta en el domicilio; ESTUDES, sobre alumnado en el aula. Eso condiciona todo lo demás: el rango de edad, el tipo de preguntas que tiene sentido plantear y las conclusiones que se pueden extraer.
| Rasgo | EDADES | ESTUDES |
|---|---|---|
| Población | Población general residente en hogares | Estudiantes de enseñanzas secundarias |
| Edades | De 15 a 64 años | De 14 a 18 años |
| Dónde se pregunta | En el domicilio | En el centro educativo |
| Tipo de respuesta | Autodeclarada y anónima | Autodeclarada y anónima |
| Para qué se usa sobre todo | Tendencia general y comparación europea | Indicadores de prevención y edad de inicio |
| Limitación de partida | Deja fuera a quien no vive en un hogar convencional | Deja fuera a quien ya no está escolarizado |
Las prevalencias principales y cómo se lee su tendencia
Cuando se habla de «consumo de cannabis en España» casi siempre se está hablando de una de estas cifras, y no significan lo mismo ni de lejos. Confundirlas es el error más frecuente en la cobertura periodística del tema. Los informes publican además otros cortes y desagregaciones; estos cuatro son los que aparecen con más frecuencia en los resúmenes.
Sobre la tendencia hay una regla que ahorra muchos disgustos: una encuesta por muestreo tiene margen de error, de manera que la diferencia entre dos oleadas consecutivas puede ser puramente estadística. Una serie de varias décadas dice mucho más que un salto entre dos puntos. Además, cuando cambia la formulación de una pregunta o la metodología de campo, los datos anteriores y posteriores dejan de ser estrictamente comparables, y los propios informes lo advierten en sus notas técnicas: esas notas rara vez se citan y son las que fijan cómo debe interpretarse la serie.
Cada oleada sustituye a la anterior. Una cifra copiada aquí quedaría desfasada en cuestión de meses y una cifra desfasada desinforma más que la ausencia de cifra. Lo que sí se mantiene estable es el método: entendiéndolo, cualquiera puede abrir el informe vigente publicado por el Plan Nacional sobre Drogas y leer el número correcto por su cuenta.
Edad de inicio y percepción de riesgo
La «edad media de inicio» es un dato retrospectivo: se calcula preguntando a quienes declaran haber consumido a qué edad lo hicieron por primera vez. Tiene dos consecuencias que conviene tener presentes. La primera es que solo describe a quienes consumieron, no al conjunto de la población. La segunda es que, al ser una media, esconde la distribución: un promedio estable puede convivir con cambios importantes en los extremos. Los movimientos de una o dos décimas entre oleadas no son, por sí solos, una noticia.
La percepción del riesgo es otro clásico de estas encuestas. No mide el riesgo real de nada: mide qué proporción de las personas encuestadas cree que determinada pauta de consumo puede causar problemas. Junto a ella suele publicarse la disponibilidad percibida, es decir, con qué facilidad dicen los encuestados que podrían conseguir la sustancia. Ambos indicadores interesan porque en la literatura de prevención se interpretan en relación con la evolución del consumo, pero siguen siendo percepciones declaradas, no hechos sobre la sustancia.
Estas encuestas describen poblaciones. No permiten deducir qué le ocurre a un individuo, no establecen umbrales de consumo seguro ni sustituyen la valoración de un profesional sanitario. Si existe preocupación por el propio consumo o por el de alguien cercano, el interlocutor es el sistema público de salud o los servicios de atención a las adicciones de cada comunidad autónoma, no una tabla estadística.
Conviene añadir algo que separa dos planos que este artículo toca a la vez: una asociación cannábica no es un recurso sanitario ni un canal terapéutico, y ni este texto ni el directorio son una vía de acceso a tratamiento. Los indicadores de consumo problemático, admisiones a tratamiento o urgencias pertenecen al ámbito sanitario y se atienden allí.
Diferencias por sexo y por territorio
Las dos encuestas desagregan sus resultados por sexo, y los informes publican esa apertura para cada prevalencia y cada oleada. Aquí no se resume ninguna de esas comparaciones, por la misma razón que no se reproducen porcentajes: la diferencia entre hombres y mujeres no es un único número, sino uno distinto según la población encuestada, la ventana temporal y la edición, y condensarlo en una frase pierde precisamente lo que hace útil el dato. Quien necesite esa lectura la encontrará desagregada en las tablas del informe correspondiente.
El desglose por comunidad autónoma exige más prudencia todavía. Al repartir la muestra entre territorios, cada submuestra es más pequeña y su margen de error, mayor: los rankings de «la comunidad donde más se consume» son la lectura más frágil que se puede hacer de estos datos, sobre todo cuando la distancia entre posiciones es corta. A eso se suman efectos de composición, porque las comunidades no tienen la misma estructura de edad ni el mismo peso urbano.
Hay un punto que conviene subrayar en un sitio como este: ninguna de las dos encuestas pregunta por asociaciones cannábicas. No miden cuántas hay, ni cuántas personas son socias, ni qué proporción del consumo pasa por ellas. La distribución territorial de las asociaciones responde a otra lógica —marco normativo autonómico, ordenanzas municipales, historia local— que explicamos en la comparativa por comunidades autónomas y en el mapa de asociaciones en España. Para ver qué hay registrado ciudad por ciudad, la fuente es el directorio y su índice de ciudades, no una encuesta de consumo.
Este artículo describe cómo se construyen y cómo se leen dos fuentes estadísticas. No es asesoramiento jurídico ni una guía de cultivo: las referencias al marco normativo autonómico o municipal aparecen únicamente para explicar por qué el mapa asociativo no coincide con el mapa del consumo declarado. Para cualquier situación concreta, la vía es un profesional del derecho.
Qué no capturan estas encuestas
Conocer los límites de una fuente forma parte de saber usarla. Estos son los principales:
- Infradeclaración. Se pregunta por una conducta socialmente sancionada. El anonimato reduce el sesgo, pero no lo elimina, y suele empujar las cifras a la baja.
- Marco muestral. Al preguntar en hogares y en aulas quedan fuera colectivos con perfiles de consumo distintos: personas sin hogar, población institucionalizada, quienes están fuera del sistema educativo o faltaron el día del cuestionario.
- Cantidad y potencia. Las encuestas registran frecuencia declarada, no cuánto ni de qué concentración. Cualquier titular sobre «potencia» apoyado únicamente en EDADES o ESTUDES está forzando la fuente.
- Origen de la sustancia. No se pregunta por el canal de suministro. Por tanto, estos datos no dicen absolutamente nada sobre el peso del mercado ilícito frente a cualquier otra vía.
- Diagnóstico clínico. Las escalas de cribado que incorporan estos cuestionarios, como el CAST, estiman qué proporción de la muestra presenta indicios de consumo problemático. Es un cribado poblacional, no un diagnóstico individual.
- Consecuencias sanitarias. Para eso existen otros sistemas de información del propio observatorio, como los indicadores de admisiones a tratamiento o de urgencias hospitalarias, que se publican por separado y responden a preguntas distintas.
Cómo leer un titular sobre consumo
Seis comprobaciones bastan para separar una lectura correcta de una exageración.
EDADES y ESTUDES miden poblaciones distintas. Un dato de adolescentes presentado como dato de la población general ya es un error de origen.
«Alguna vez en la vida», «últimos 12 meses», «últimos 30 días» o consumo diario. Si el titular no lo dice, el titular está incompleto.
Un porcentaje sobre una población y una estimación de personas son cosas diferentes, y la conversión entre ambas añade su propio margen de incertidumbre.
No es lo mismo comparar con la oleada anterior que con el máximo histórico de la serie. Elegir el punto de comparación es la forma más habitual de fabricar una tendencia.
Si la variación es pequeña y la submuestra reducida, lo más probable es que no haya cambio real que interpretar.
Una cifra que no remite a la publicación oficial es una cifra que no se puede verificar. En estadística pública, la fuente primaria siempre está disponible.
Con ese filtro se distinguen mejor las señales que sí tienen contenido: la evolución del consumo diario o casi diario, la edad de inicio y la proporción de población con indicios de consumo problemático. También ayuda a no mezclar dos conversaciones distintas: una cosa es cuánta gente declara consumir y otra, muy distinta, cuál es el marco jurídico que se aplica, algo que explicamos en el artículo sobre la legalidad del cannabis en España.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto se publican EDADES y ESTUDES?
Se publican de forma periódica y alternándose entre sí, pero el calendario no es fijo: tanto el trabajo de campo como la fecha de publicación se han desplazado en distintas ediciones. La referencia para saber cuál es la oleada vigente es el portal del Plan Nacional sobre Drogas, en el Ministerio de Sanidad, donde se publican tanto los informes completos como las notas metodológicas.
¿Cuál es la cifra actual de consumo de cannabis en España?
Depende de qué se pregunte: no existe «una» cifra, sino una por cada combinación de población y ventana temporal. Aquí no reproducimos porcentajes precisamente por eso y porque quedan obsoletos con cada nueva oleada. El dato vigente está siempre en el último informe publicado.
¿Sirven estas encuestas para saber cuánta gente pasa por asociaciones cannábicas?
No. No preguntan por el canal de suministro ni por la pertenencia a ninguna entidad, así que no permiten estimar ni el número de socios ni el peso del asociacionismo. Si lo que se busca es entender qué es y cómo funciona una de estas entidades, el punto de partida es la explicación de qué es un club cannábico y el artículo sobre el club social de cannabis.
¿Son fiables si se basan en lo que la gente declara?
Son la fuente pública disponible para seguir tendencias de largo recorrido, y están construidas con ese objetivo: muestras amplias, cuestionarios anónimos y un marco de preguntas armonizado con el estándar europeo, que es lo que permite la comparación entre países. Eso no equivale a una serie continua sin costuras: cuando cambia la formulación de una pregunta o el procedimiento de campo, los informes lo señalan en las notas técnicas y los tramos anterior y posterior dejan de ser directamente comparables. A ello se suma que toda encuesta sobre una conducta socialmente sancionada depende de lo que cada persona decide declarar. Por eso resultan más sólidas leídas como serie larga y con las notas metodológicas delante que como fotografía de un año concreto.